¿Quieres que tu equipo se sienta comprometido con tu clínica y feliz de trabajar en ella? Contar con un plan de objetivos para el personal es clave para alinear los objetivos de tu centro con las expectativas de tu equipo.
Si alguna vez has trabajado como empleado, sabrás lo necesario que es sentirse valorado y reconocido, algo que influye directamente en el esfuerzo y compromiso, y por consiguiente en el trato al paciente.
¡Tranquilidad! Si estás pensando que no te van a dar los números, no todos los planes de incentivos se tienen que basar en monetización; hay que ser más estratégicos.
De momento, puedes ir echando un vistazo a este artículo en el que hablamos sobre estrategias para motivar a los profesionales de mi clínica.
Diseñar un plan de incentivos no significa repartir sobres al final de mes. Aunque las compensaciones económicas gustan, también existen muchas formas (y muy efectivas) de recompensar sin necesidad de grandes inversiones.
Aunque en muchas ocasiones no es posible dedicar 1 € más allá de nóminas, alquiler, material, etc., hay clínicas que sí pueden implementar pequeñas ayudas económicas que tienen un gran impacto:
- Bonificaciones por objetivos: Si tu equipo cumple ciertos indicadores de desempeño (como puntualidad, satisfacción del paciente, organización del trabajo), puedes otorgar una pequeña bonificación trimestral o anual.
- Apoyo en formación profesional: financiar parte de cursos, congresos o certificaciones. Un aspecto muy valorado por los empleados, siempre y cuando este tipo de formación no sea una imposición, sin tener en cuenta su opinión.
- Cheque regalo o beneficios sociales: tarjetas regalo, días de descanso adicional o aportaciones a planes de salud o seguros.
Como hemos comentado, existen otros tipos de incentivos que tienen cada vez, más valor para los empleados y que no tienen una carga monetaria.
- Reconocimiento y visibilidad: destacar públicamente el trabajo bien hecho. No vale solo atacar el trabajo cuando hay algún error, sino que valorar las cosas que se hacen bien y reconocerlo ante el resto de compañeros es algo que se valora muy positivamente.
- Flexibilidad horaria: permitir ajustar turnos para conciliación familiar o formativa. Entiende la situación de cada uno de los empleados y ofrece facilidades. Este tipo de aspectos que no están contemplados por ningún convenio son los más valorados por los empleados.
Si eres de los que se vuelven loco cada semana con las planillas, mira este artículo sobre cómo gestionar los turnos de trabajo de los empleados de mi clínica.
- Participación en decisiones: incluir al equipo en ciertas decisiones estratégicas mejora el compromiso.
- Planes de desarrollo profesional: ofrecer oportunidades para que cada persona crezca dentro de la clínica. Puedes ampliar este tema con el artículo “Plan de carrera: cómo medir el crecimiento laboral de los empleados de mi clínica".
¡No te fijes en el resto! En este aspecto, no sirve que te fijes en lo que hace Puri en la clínica de enfrente. Tu plan de incentivos debe estar alineado con tu realidad y con las motivaciones específicas de tu equipo.
Poner el foco en lo que quieres conseguir es primordial; no debes poner en marcha el plan de incentivos sin tener esto claro. ¿Quieres reducir la rotación de personal? ¿Mejorar la atención al paciente? ¿Aumentar la eficiencia de los procesos internos? Tener metas claras te ayudará a enfocar todo el sistema de recompensas.
No todos los profesionales valoran lo mismo. Lo que puede motivar a una podóloga puede no tener el mismo impacto en un fisioterapeuta o una recepcionista. Para detectar cuáles son sus necesidades, puedes utilizar herramientas tan simples como encuestas anónimas, un buzón de sugerencias o lo de toda la vida, una charla con un cafecito tú a tú.
Esta etapa también te ayudará a mejorar el clima laboral y detectar oportunidades de mejora.
El plan de incentivos debe ser claro, transparente y justo. Define qué comportamientos o resultados serán recompensados y cómo se medirá cada uno. Algunas ideas de indicadores:
- Satisfacción del paciente (medida por encuestas).
- Asistencia y puntualidad.
- Cumplimiento de protocolos.
- Actitud proactiva en el trabajo.
- Implicación en la formación interna.
¡Aquí llega tu parte creativa! En función de tu presupuesto, cultura de empresa y equipo, elige entre incentivos económicos, no económicos o una combinación de ambos. Es fundamental que sean percibidos como justos, valiosos y, sobre todo, que puedas cumplir con ellos. ¡No te pases de ambicioso!
Algunas ideas que no requieren gasto excesivo:
- “Día personal” al trimestre sin necesidad de justificar.
- Reuniones mensuales donde puedan proponer mejoras reales.
- Celebrar cumpleaños o aniversarios con pequeños detalles simbólicos.
- Invitar a desayunos colaborativos una vez al mes para reforzar el trabajo en equipo.
- Espacios de descanso bien pensados (no un rincón con microondas).
Una buena estrategia mal comunicada no sirve de nada. Explica cómo funciona el plan, qué se espera del equipo, cómo se evaluará y cuándo se entregarán los incentivos. Puedes usar una presentación en una reunión, un documento compartido o algo más distendido como un resumen en la sala de descanso.
Los incentivos no deben ser estáticos. Revisa su impacto cada cierto tiempo; para ello debes plantearte cuestiones como:
- ¿Están logrando lo que te propusiste?
- ¿Cómo los percibe el equipo?
- ¿Es necesario actualizar indicadores o recompensas?
Para tener los resultados, puedes realizar una pequeña encuesta interna o medir otros aspectos, como han cambiado el ausentismo, la rotación o la eficiencia desde que implementaste los incentivos.
Muchas veces pensamos que no podemos motivar porque no tenemos dinero. Pero la realidad es que, si el presupuesto es ajustado, es aún más importante contar con un sistema inteligente de incentivos no económicos.
Porque cuando no puedes competir en salario, necesitas compensar con reconocimiento, flexibilidad, comunicación y oportunidades. Y eso, si lo haces bien, puede tener más impacto que un aumento puntual.
Diseñar un plan de incentivos para tu equipo no tiene por qué suponer un quebradero de cabeza ni un agujero en el presupuesto; no te lleves las manos a la cabeza. Con un enfoque estratégico, centrado en las personas y adaptado a la realidad de tu clínica, puedes crear un sistema que motive, retenga y potencie el talento sin necesidad de grandes recursos.
Lo importante no es la cantidad, sino el valor percibido. Un equipo que se siente reconocido, escuchado y con posibilidades de crecer es un equipo que se queda, que cuida y que hace crecer tu clínica contigo.
Tu clínica no son solo los pacientes; también tienen un papel fundamental los que trabajan para que todo salga adelante. Si tú cuidas de ellos, ellos cuidarán de tu proyecto.
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